Por
esta razón se han desarrollado una serie de recubrimientos comestibles para que
favorecen la duración de dichos productos, por ejemplo las manzanas envasadas de
esta manera, pueden durar hasta trece días frescas dentro de su bolsa.
Los principales componentes de esta capa
comestible son lípidos, proteínas y polisacáridos, también se le pueden añadir antioxidantes,
antimicrobianos y conservantes. Su función es crear una película semipermeable
entre el alimento y el ambiente para evitar la rápida oxidación que se produce
cuando el vegetal entra en contacto con el oxígeno (al abrir el envase) y
también para disminuir la velocidad de evaporación del agua, que produce un
deterioro del vegetal por deshidratación. De esta forma, se evita que se degrade
rápidamente manteniendo todo el sabor. Estos recubrimientos comestibles tienen
que pasar unos controles de seguridad para que el consumidor no tenga ninguna
reacción adversa a causa de sus componentes químicos.
Cada vez es más frecuente encontrar
productos de este estilo en el supermercado debido al ritmo frenético que
sufrimos en nuestro día a día, y hay que decir que alguna vez nos han sacado
vez de algún aprieto.
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